La educación como derecho humano y motor de transformación social

La educación como derecho humano y motor de transformación social

Cada 24 de enero se conmemora el Día Internacional de la Educación, una fecha que no solo invita a reconocer su importancia, sino también a reflexionar sobre su impacto profundo en la vida de las personas y en el desarrollo de las sociedades. La educación es mucho más que un proceso académico: es un derecho humano fundamental, un bien público y una responsabilidad colectiva.

Desde esta perspectiva, la educación se concibe como la base que permite el ejercicio pleno de otros derechos. Tal como destaca el decano de la Facultad de Filosofía y Ciencias Humanas, Carlos Guevara, “la educación es uno de los principales derechos humanos, porque nos abre la puerta para el resto de derechos”. En este sentido, solo una persona con acceso a una educación adecuada puede exigir sus derechos y ejercer una ciudadanía activa tanto a nivel local como global. Por ello, garantizar la educación no es únicamente una tarea del Estado, sino una obligación social compartida.

La relación entre educación, paz y desarrollo es otro de los ejes fundamentales del análisis. De manera simbólica, la educación ha sido descrita como una de las principales herramientas para construir la convivencia pacífica. Las personas formadas desarrollan pensamiento crítico, capacidad de diálogo y resolución de conflictos, elementos esenciales para sociedades democráticas. Asegurar una educación de calidad significa, por tanto, apostar por la paz y el desarrollo sostenible de los pueblos.

No obstante, hablar de educación implica necesariamente hablar de calidad, equidad e inclusión. La calidad educativa no puede medirse únicamente a través de resultados estandarizados o indicadores numéricos. “No puede hablarse de calidad cuando solo se miden porcentajes; la verdadera calidad se refleja cuando todas las personas mejoran su calidad de vida”, señala Guevara. Desde esta mirada, una educación de calidad es, por definición, inclusiva y equitativa, ya que debe llegar a todos los sectores de la sociedad sin exclusión.

Este enfoque demanda nuevos modelos de gestión educativa, capaces de comprender que la educación no se limita a la infraestructura o a la planificación administrativa, sino que se construye desde las relaciones humanas. En este proceso, las instituciones sociales cumplen un rol clave. Los medios de comunicación, por ejemplo, están llamados a fortalecer la educomunicación, es decir, a informar educando y a educar a través de la información, dejando de lado una lógica centrada únicamente en el impacto mediático.

La educación también constituye una herramienta esencial para romper el ciclo de la pobreza y promover la igualdad de género. Para las poblaciones más vulnerables, representa la principal vía para acceder a mejores oportunidades laborales, académicas y científicas, y para aspirar a trabajos dignos que permitan superar condiciones de exclusión.

Finalmente, en este Día Internacional de la Educación, el reconocimiento se dirige especialmente a los educadores. A pesar de las dificultades y carencias, son ellos quienes sostienen el sistema educativo desde las aulas. “La educación no se hace desde los ministerios ni desde los escritorios, se hace en las aulas de clase”, enfatiza, resaltando el compromiso diario de quienes forman a las nuevas generaciones y contribuyen a construir una sociedad más justa y solidaria.

Carlos Guevara - Decano